Por Alejandro Ramírez Morón
Es inmensa la deuda social del capitalismo. La Responsabilidad
Social Empresarial (RSE) es la apuesta de la inteligencia
económica del siglo XXI para saldar esa deuda. Lo lamentable es que, a menudo,
se suele mirar a la RSE
de manera superficial, pensando solo un stakeholder: las comunidades. La RSE va mucho más allá, y,
cabalmente entendida, debe ser multi stakeholder.
Accionistas, trabajadores, proveedores, comunidades,
universidades, ONG’s, gobiernos locales, entre otros. Hay muchos grupos de
interés, o stakeholders. Lo ideal es que una gestión de RSE sea transversal,
que vaya a lo largo y ancho de la cadena de producción. La RSE no es un modelo de
gestión, pero lo impacta de manera directa. Es la ética como columna vertebral
de los negocios.
Hay que diferenciar de cosas como el green marketing, o el
mercadeo en la Base
de la Pirámide. RSE
es todo aquello que una corporación hace más allá de las exigencias de la ley,
motu propio, para añadir valor, para optimizar la calidad de los mercados. Esto
no quiere decir que la RSE
debe suponer pérdidas para ninguna empresa. Todo lo contrario. Cada día el
consumidor valora más a las empresas responsables.
Pero queda mucho trabajo por hacer. Me parece que los
negocios en el mundo de hoy, siguen siendo acicateados por el interés económico
ante todo, por la política de maximización de la ganancia, por sobre todas las
cosas. Nadie dice que ganar dinero sea malo. Nadie crea una empresa para perder
dinero. Pero, ¿estamos ocupando de manera ética nuestro lugar en el mercado?
Las acuciantes demandas económicas, sociales y
medioambientales del siglo XXI, hacen que uno se pare con prudencia ante la
visión meramente mercantilista de los negocios. Un hombre de negocios no es una
Carmelita Descalza, ni una hermanita de la caridad. Pero, como dice el dicho,
“ni tan calvo ni con dos pelucas”. Nadie tiene derecho a depredar los mercados
para llenarse los bolsillos de dólares.
Por esto, los gobiernos han comenzado a ser tajantes en las
imposiciones legales. Pero, más allá, las empresas de vanguardia, de avanzada,
han dicho: “no necesitamos el dedo acusador de la ley, para hacer bien nuestro
trabajo, e, incluso, ir un poco más allá”. Como en todo, no es la norma, sino
la excepción. Y, claro está, depende de cada país, y su nivel de desarrollo. De
la calidad de sus mercados.
Hacer las cosas bien es, ante todo, una responsabilidad
legal con la sociedad. Pero, hacerlas un poco mejor, hace parte de la filosofía
de cada corporación, frente a un mundo plagado de miserias, calentamiento
global, y anomias de todo tipo. No se trata de hacer filantropía, porque esta
es apenas una rendija de entrada a la
RSE. ¿Qué mundo tenemos hoy? ¿Qué mundo queremos tener en
2025? ¿Qué estamos haciendo?
Más allá de los disparadores ético-religiosos (no metamos a
Dios en esto), la RSE
es una manera de entender los procesos de una corporación, con miras a cumplir
la ley, en primer término, pero también ir siempre un poco más allá, ir siempre
un paso adelante. Se trata de hacer las cosas bien, antes de que el destino nos
alcance. Se trata de hacer la tarea, sin que mamá nos de con la correa. Eso es
libertad. Eso es responsabilidad.

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