martes, 1 de diciembre de 2015

La RSE más allá de las visiones angelicales



Por Alejandro Ramírez Morón

Es inmensa la deuda social del capitalismo. La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es la apuesta de la inteligencia económica del siglo XXI para saldar esa deuda. Lo lamentable es que, a menudo, se suele mirar a la RSE de manera superficial, pensando solo un stakeholder: las comunidades. La RSE va mucho más allá, y, cabalmente entendida, debe ser multi stakeholder.

Accionistas, trabajadores, proveedores, comunidades, universidades, ONG’s, gobiernos locales, entre otros. Hay muchos grupos de interés, o stakeholders. Lo ideal es que una gestión de RSE sea transversal, que vaya a lo largo y ancho de la cadena de producción. La RSE no es un modelo de gestión, pero lo impacta de manera directa. Es la ética como columna vertebral de los negocios.

Hay que diferenciar de cosas como el green marketing, o el mercadeo en la Base de la Pirámide. RSE es todo aquello que una corporación hace más allá de las exigencias de la ley, motu propio, para añadir valor, para optimizar la calidad de los mercados. Esto no quiere decir que la RSE debe suponer pérdidas para ninguna empresa. Todo lo contrario. Cada día el consumidor valora más a las empresas responsables.

Pero queda mucho trabajo por hacer. Me parece que los negocios en el mundo de hoy, siguen siendo acicateados por el interés económico ante todo, por la política de maximización de la ganancia, por sobre todas las cosas. Nadie dice que ganar dinero sea malo. Nadie crea una empresa para perder dinero. Pero, ¿estamos ocupando de manera ética nuestro lugar en el mercado?

Las acuciantes demandas económicas, sociales y medioambientales del siglo XXI, hacen que uno se pare con prudencia ante la visión meramente mercantilista de los negocios. Un hombre de negocios no es una Carmelita Descalza, ni una hermanita de la caridad. Pero, como dice el dicho, “ni tan calvo ni con dos pelucas”. Nadie tiene derecho a depredar los mercados para llenarse los bolsillos de dólares.

Por esto, los gobiernos han comenzado a ser tajantes en las imposiciones legales. Pero, más allá, las empresas de vanguardia, de avanzada, han dicho: “no necesitamos el dedo acusador de la ley, para hacer bien nuestro trabajo, e, incluso, ir un poco más allá”. Como en todo, no es la norma, sino la excepción. Y, claro está, depende de cada país, y su nivel de desarrollo. De la calidad de sus mercados.

Hacer las cosas bien es, ante todo, una responsabilidad legal con la sociedad. Pero, hacerlas un poco mejor, hace parte de la filosofía de cada corporación, frente a un mundo plagado de miserias, calentamiento global, y anomias de todo tipo. No se trata de hacer filantropía, porque esta es apenas una rendija de entrada a la RSE. ¿Qué mundo tenemos hoy? ¿Qué mundo queremos tener en 2025? ¿Qué estamos haciendo?


Más allá de los disparadores ético-religiosos (no metamos a Dios en esto), la RSE es una manera de entender los procesos de una corporación, con miras a cumplir la ley, en primer término, pero también ir siempre un poco más allá, ir siempre un paso adelante. Se trata de hacer las cosas bien, antes de que el destino nos alcance. Se trata de hacer la tarea, sin que mamá nos de con la correa. Eso es libertad. Eso es responsabilidad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario