martes, 1 de diciembre de 2015

CVC versus RSE: generar o distribuir riqueza


Michael Porter, profesor emérito de la Universidad de Harvard, ha lanzado en 2011 el concepto de Creación de Valor Compartido (CVC), que busca renovar al capitalismo y generar –ha dicho- un proceso innovación y crecimiento.

Alejandro Ramírez Morón

Vox populi. Que el capitalismo está en crisis no es un secreto para nadie. El crack de Wall Street de 2008, a partir de la crisis por créditos inmobiliarios chatarra, desencadenó un maremagnum económico a escala global, que llevó a la canciller alemana, Ángela Mérkel, a sostener que era preciso refundar el capitalismo. El mismísimo fundador del Foro Económico Mundial (Davos), Klaus Schwab, declaró: “El capitalismo, en su forma actual, ya no encaja en el mundo de ahora”, e hizo votos por una nueva forma de responsabilidad social. Han comenzado ha alzarse otras voces, otros discursos.
                         
La crisis del capitalismo ha dado pie a una poderosa escalada de la izquierda en el mundo, al punto que en el más reciente ranking de Forbes, el presidente ruso es considerado como el hombre más poderoso del planeta, y el Partido Comunista Chino se calibra hoy como el conglomerado político más influyente del orbe.

Parece que todo está por verse. En construcción. Lo que se desprenda finalmente de la pugna entre socialismo y capitalismo, está sencillamente por verse. No se puede pontificar, ni lanzar sentencias absolutas.

Creación de Valor Compartido
Michael Porter, profesor emérito de la Universidad de Harvard, experto en nuevos temas de gerencia empresarial, ha lanzado en 2011 el concepto de Creación de Valor Compartido (CVC), que busca renovar al capitalismo y generar –ha dicho- un proceso innovación y crecimiento.

“Las políticas y las prácticas operacionales que mejoran la competitividad de una empresa, a la vez que ayudan a mejorar las condiciones económicas, sociales y ambientales en las comunidades donde ópera. Se enfoca en identificar y expandir las conexiones entre los progresos económico y social. Las empresas crean valor compartido, reconcibiendo productos y mercados; redefiniendo la productividad en la cadena de valor y construyendo clusters de apoyo para el sector en torno a las instalaciones de la empresa”, ha dicho Porter. 

Las empresas –afirma- deben “asumir el liderazgo para volver a unir los negocios con la sociedad”. Nestlé ha sido una de las empresas que más ha propulsado este tema. ¿Cuál es el argumento? En vez de otorgar a los campesinos proveedores más plata por sus productos, se les presta ayuda técnica, créditos en mejores condiciones para sus abonos, se les asesora para mejorar la productividad y calidad del producto y -de esta forma- ganar más dinero.

Mera filantropía
Porter ha planteado que la CVC viene a sustituir a la RSE, pues la misma se ha quedado en la mera filantropía, y en la generación de reputación, sin cumplir con los objetivos que estaba supuesta a alcanzar.

La socióloga Charo Méndez, experta en RSE y consultora de importantes empresas, dice que, si bien es cierto que Michael Porter quiere llevar el concepto de CVC –por ejemplo- al ámbito de las ONG’s, nuevos negocios, etcétera, lo basa esencialmente en el sector empresarial.

Nuevos negocios, nuevas maneras de generar productos, empaques, para generar más riquezas. Es una manera renovada –asegura- de rescatar la tesis de Milton Friedman, quien decía en los años 70’s, que la responsabilidad de las empresas era pagar impuestos y generar empleo.

Cualquier cosa que genere valor compartido es aquella que a la empresa le genere dinero, y a la sociedad le satisfaga una necesidad. “Volvemos a hablar de responsabilidad económica. Es una actualización de la visión de Friedman”.

El Consenso de Washington –echa la cinta atrás- era más para políticas públicas. Lo que plantea Porter es que la RSE sólo genera reputación, la CVC crea valor para la sociedad y utilidades para la empresa. Es algo más enmarcado en el pensamiento empresarial, mientras que el Consenso de Washington era heredero del pensamiento de Friedman, pero en políticas públicas. “Hasta ahora la CVC no ha tocado las políticas públicas, si bien el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) tiene algunas iniciativas. Lo que preocupa es que se diga que la CVC es para desplazar a la RSE”, enfatiza la consultora.  

“Lo que siento es que para justificar la tesis de la CVC, Porter descalifica a la RSE, usando el concepto más tradicional de la misma, que es el de la filantropía. Hace años que se habla de stakeholders, de sostenibilidad, de toda la cadena de valor, ya está aprobada la ISO 26.000”.

Clusters locales
“Cuando Porter habla de los clusters locales, es algo que está incorporado en la ISO 26.000. El concepto de sostenibilidad dice que se debe hacer todo para reducir el uso de recursos naturales, pero a la vez apostar por la equidad. La CVC implica hacer todo sólo si genera beneficios a la empresa. No es que con la CVC quieres incorporar proveedores más pequeños, para distribuir mejor la riqueza. No. Se incluyen proveedores locales, más pequeños, para disminuir los costos. Entonces, hay que decir que es una nueva versión del criterio de Friedman, pero no que es para desplazar a la RSE”, arroja luces la experta.

Pero, ¿cómo ve Charo Méndez la validez de la RSE hoy en el mundo? Garantiza que no es una moda pasajera. La discusión –asegura- se está dando al más alto nivel. “El sector empresarial ha dicho que hacer dinero no es suficiente, sino que hay que asumir compromisos con el cambio climático, con la pobreza, entre otros”.

“La mitad de las primeras economías del mundo son empresas. Una cosa que ha costado tantos años que el sector privado termine de entender, cómo volver a decir a las empresas, con la CVC, que su único problema es hacer dinero. Se discute en Naciones Unidas asuntos de derechos humanos para la empresa. La RSE no está herida de muerte. Para nada”, fija posición con vehemencia.

La socióloga dice que le preocupa que una transnacional fuerte tenga más presupuesto que Guatemala, por ejemplo. Hay que pensar algunas cosas mejor, estima. “El Pacto Global hay que revisarlo. Vamos por una cuarta generación del GRI, porque la gente que revisa los balances sociales no está conforme. Pero no puede venir una discusión que plantee que la RSE ha sido ineficiente, y que por esto hay que liquidarla del todo”, se resiste a las visiones radicales y extremistas.  

De eso no se habla
Ahora bien, ¿qué hay de la vigencia de la RSE en Venezuela? “Acá no se discute ni CVC ni RSE, sino la supervivencia de las empresas, que sienten que no tienen mayor capacidad de maniobra. La discusión sobre RSE en Venezuela siempre tiene peros, porque las empresas alegan que tienen demasiadas regulaciones, pero si planteas la CVC la cosa es peor. Aquí no estamos discutiendo si es generar riqueza o distribuirla mejor, sino un capitalismo de Estado, con un Estado que no tiene un comportamiento en RSE precisamente ejemplar, y el sector privado se vería muy mal si dijera que se va a conectar con CVC, porque se trata de generar dinero únicamente”.

Una de las formas que plantea Porter es adecuarse a los clientes, a través de downsizing, por ejemplo. Hay que hacer clusters, disminuir costos, etcétera, pero no es correcto –opina Méndez- que plantee esto como para desplazar a la RSE, bajo el alegato de que las empresas sólo deben pagar impuestos, o generar empleo.

Por ejemplo, el planteamiento de los clusters. ¿No es un poco escaso plantear que los clusters pueden saldar la deuda social del planeta? “Lo que me pasa con la idea de cluster es que se busca quién puede ser distribuidor y proveedor. Esto se llamó negocios inclusivos, en algún momento. Las ONG’s tienen una misión social, por ejemplo, y eso no debe formar parte de una cadena productiva. Una cosa es que, por ejemplo, las universidades deben tener control de costos, y adecuarse a los mercados, pero no se pueden convertir en universidades empresas. Esto es el problema de los clusters. No se pueden incluir criterios comerciales a todo”.

Marcos regulatorios
Porter plantea la necesidad de que haya marcos regulatorios favorables a la CVC. Dice que debe haber controles, cómo no, pero siempre y cuando se favorezca la actividad privada, en el marco de la CVC.

Charo Méndez inquiere en voz alta: “¿Qué se esperaría de un gobierno local? ¿Qué facilite la CVC o más bien privilegiar a las empresas que tengan mejor impacto en sus comunidades anfitrionas? Siempre tienen que existir algunos modelos de generación de riqueza, pero sea en manos de privados o públicos, familiar o capital difuso, hay que saber cómo se genera la riqueza. Lo ideal es que se cumplan los derechos laborales, que se cuide el ambiente, y, además, que haya una apuesta de equidad en la distribución de la torta de ganancias de la empresa”, desemboca en el nudo gordiano de la RSE.

Tanto Porter como Harvard Business Review tienen resonancia a escala mundial. Ya algunas empresas no hacen balance social, sino memorias de valor compartido. “Puede haber muchas escuelas de negocios mejores que Harvard, pero la CVC viene ganando resonancia. En Colombia ya hay gente casada del todo con la tesis de CVC. Puede tener resonancia, pero una cosa es hacer riqueza y otra es distribuirla, no se pueden equiparar los criterios”, limpia de polvo y paja.  

El concepto de CVC es genuinamente norteamericano. Pero no es un tema –aporta Méndez- en contra de los norteamericanos, sino de cuál es el pensamiento de las multinacionales, que pueden estar en muchos países distintos. “Además, no es una empresa norteamericana la que está propulsando la CVC, sino una europea, y es Nestlé. No se puede negar el peso de las multinacionales en el mundo”.

La apuesta por la RSE
“En el marco de un país como Venezuela, o los países emergentes, creo que se ajusta más el concepto de RSE. Deberían asumirse más prácticas e inversiones, incluso para aquellos elementos de la cadena de valor, que son más difíciles de incluir”.

El concepto de CVC –aterriza la experta en suelo criollo- se estrella contra la realidad política venezolana, porque es imposible plantear hoy en Venezuela, que lo único que deben hacer las empresas es generar dinero y riqueza, si bien el concepto de RSE no ha sido recibido bien del todo, porque se le considera muy capitalista.

“Yo no creo eso. Creo que el concepto de RSE es noble, y, a través de él, se pueden generar políticas públicas que susciten más equidad. Efectivamente, dentro del discurso del Gobierno está el comercio justo, y el concepto de RSE lo incorpora. Cuando el Estado pone una regulación en contra de la discriminación racial, es algo que también está incluido en la RSE. En algunos países las empresas lo hacen de manera voluntaria, y en otros de manera obligatoria. El gran dilema es este: genera riqueza (CVC) o distribuir la riqueza (RSE). No se puede plantear que el generar riqueza desplace a distribuir la riqueza, porque son dos conceptos distintos”, separa peras de manzanas.  











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