Michael Porter,
profesor emérito de la
Universidad de Harvard, ha lanzado en 2011 el concepto de
Creación de Valor Compartido (CVC), que busca renovar al capitalismo y generar
–ha dicho- un proceso innovación y crecimiento.
Alejandro Ramírez Morón
Vox populi. Que el capitalismo está en crisis no es un
secreto para nadie. El crack de Wall Street de 2008, a partir de la crisis
por créditos inmobiliarios chatarra, desencadenó un maremagnum económico a
escala global, que llevó a la canciller alemana, Ángela Mérkel, a sostener que era
preciso refundar el capitalismo. El mismísimo fundador del Foro Económico
Mundial (Davos), Klaus Schwab, declaró: “El capitalismo, en su forma actual, ya
no encaja en el mundo de ahora”, e hizo votos por una nueva forma de
responsabilidad social. Han comenzado ha alzarse otras voces, otros discursos.
La crisis del capitalismo ha dado pie a una poderosa
escalada de la izquierda en el mundo, al punto que en el más reciente ranking
de Forbes, el presidente ruso es considerado como el hombre más poderoso del
planeta, y el Partido Comunista Chino se calibra hoy como el conglomerado
político más influyente del orbe.
Parece que todo está por verse. En construcción. Lo que se
desprenda finalmente de la pugna entre socialismo y capitalismo, está
sencillamente por verse. No se puede pontificar, ni lanzar sentencias
absolutas.
Creación de Valor
Compartido
Michael Porter, profesor emérito de la Universidad de
Harvard, experto en nuevos temas de gerencia empresarial, ha lanzado en 2011 el
concepto de Creación de Valor Compartido (CVC), que busca renovar al
capitalismo y generar –ha dicho- un proceso innovación y crecimiento.
“Las políticas y las prácticas operacionales que mejoran la competitividad de una empresa, a la vez que ayudan a mejorar las condiciones económicas, sociales y ambientales en las comunidades donde ópera. Se enfoca en identificar y expandir las conexiones entre los progresos económico y social. Las empresas crean valor compartido, reconcibiendo productos y mercados; redefiniendo la productividad en la cadena de valor y construyendo clusters de apoyo para el sector en torno a las instalaciones de la empresa”, ha dicho Porter.
Las empresas –afirma- deben “asumir el liderazgo para volver a unir los negocios con la sociedad”. Nestlé ha sido una de las empresas que más ha propulsado este tema. ¿Cuál es el argumento? En vez de otorgar a los campesinos proveedores más plata por sus productos, se les presta ayuda técnica, créditos en mejores condiciones para sus abonos, se les asesora para mejorar la productividad y calidad del producto y -de esta forma- ganar más dinero.
“Las políticas y las prácticas operacionales que mejoran la competitividad de una empresa, a la vez que ayudan a mejorar las condiciones económicas, sociales y ambientales en las comunidades donde ópera. Se enfoca en identificar y expandir las conexiones entre los progresos económico y social. Las empresas crean valor compartido, reconcibiendo productos y mercados; redefiniendo la productividad en la cadena de valor y construyendo clusters de apoyo para el sector en torno a las instalaciones de la empresa”, ha dicho Porter.
Las empresas –afirma- deben “asumir el liderazgo para volver a unir los negocios con la sociedad”. Nestlé ha sido una de las empresas que más ha propulsado este tema. ¿Cuál es el argumento? En vez de otorgar a los campesinos proveedores más plata por sus productos, se les presta ayuda técnica, créditos en mejores condiciones para sus abonos, se les asesora para mejorar la productividad y calidad del producto y -de esta forma- ganar más dinero.
Mera filantropía
Porter ha planteado que la CVC viene a sustituir a la RSE , pues la misma se ha
quedado en la mera filantropía, y en la generación de reputación, sin cumplir
con los objetivos que estaba supuesta a alcanzar.
La socióloga Charo Méndez, experta en RSE y consultora de
importantes empresas, dice que, si bien es cierto que Michael Porter quiere
llevar el concepto de CVC –por ejemplo- al ámbito de las ONG’s, nuevos
negocios, etcétera, lo basa esencialmente en el sector empresarial.
Nuevos negocios, nuevas maneras de generar productos,
empaques, para generar más riquezas. Es una manera renovada –asegura- de
rescatar la tesis de Milton Friedman, quien decía en los años 70’s, que la
responsabilidad de las empresas era pagar impuestos y generar empleo.
Cualquier cosa que genere valor compartido es aquella que a
la empresa le genere dinero, y a la sociedad le satisfaga una necesidad. “Volvemos
a hablar de responsabilidad económica. Es una actualización de la visión de
Friedman”.
El Consenso de Washington –echa la cinta atrás- era más para
políticas públicas. Lo que plantea Porter es que la RSE sólo genera reputación, la CVC crea valor para la
sociedad y utilidades para la empresa. Es algo más enmarcado en el pensamiento
empresarial, mientras que el Consenso de Washington era heredero del
pensamiento de Friedman, pero en políticas públicas. “Hasta ahora la CVC no ha tocado las políticas
públicas, si bien el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) tiene algunas
iniciativas. Lo que preocupa es que se diga que la CVC es para desplazar a la RSE ”, enfatiza la consultora.
“Lo que siento es que para justificar la tesis de la CVC , Porter descalifica a la RSE , usando el concepto más
tradicional de la misma, que es el de la filantropía. Hace años que se habla de
stakeholders, de sostenibilidad, de toda la cadena de valor, ya está aprobada la ISO 26.000” .
Clusters locales
“Cuando Porter habla de los clusters locales, es algo que
está incorporado en la ISO
26.000. El concepto de sostenibilidad dice que se debe hacer todo para reducir
el uso de recursos naturales, pero a la vez apostar por la equidad. La CVC implica hacer todo sólo si
genera beneficios a la empresa. No es que con la CVC quieres incorporar proveedores más pequeños,
para distribuir mejor la riqueza. No. Se incluyen proveedores locales, más
pequeños, para disminuir los costos. Entonces, hay que decir que es una nueva
versión del criterio de Friedman, pero no que es para desplazar a la RSE ”, arroja luces la experta.
Pero, ¿cómo ve Charo Méndez la validez de la RSE hoy en el mundo? Garantiza
que no es una moda pasajera. La discusión –asegura- se está dando al más alto
nivel. “El sector empresarial ha dicho que hacer dinero no es suficiente, sino
que hay que asumir compromisos con el cambio climático, con la pobreza, entre
otros”.
“La mitad de las primeras economías del mundo son empresas.
Una cosa que ha costado tantos años que el sector privado termine de entender,
cómo volver a decir a las empresas, con la CVC , que su único problema es hacer dinero. Se
discute en Naciones Unidas asuntos de derechos humanos para la empresa. La RSE no está herida de muerte.
Para nada”, fija posición con vehemencia.
La socióloga dice que le preocupa que una transnacional
fuerte tenga más presupuesto que Guatemala, por ejemplo. Hay que pensar algunas
cosas mejor, estima. “El Pacto Global hay que revisarlo. Vamos por una cuarta
generación del GRI, porque la gente que revisa los balances sociales no está
conforme. Pero no puede venir una discusión que plantee que la RSE ha sido ineficiente, y que
por esto hay que liquidarla del todo”, se resiste a las visiones radicales y
extremistas.
De eso no se habla
Ahora bien, ¿qué hay de la vigencia de la RSE en Venezuela? “Acá no se
discute ni CVC ni RSE, sino la supervivencia de las empresas, que sienten que
no tienen mayor capacidad de maniobra. La discusión sobre RSE en Venezuela siempre
tiene peros, porque las empresas alegan que tienen demasiadas regulaciones,
pero si planteas la CVC
la cosa es peor. Aquí no estamos discutiendo si es generar riqueza o
distribuirla mejor, sino un capitalismo de Estado, con un Estado que no tiene un
comportamiento en RSE precisamente ejemplar, y el sector privado se vería muy
mal si dijera que se va a conectar con CVC, porque se trata de generar dinero
únicamente”.
Una de las formas que plantea Porter es adecuarse a los
clientes, a través de downsizing, por ejemplo. Hay que hacer clusters,
disminuir costos, etcétera, pero no es correcto –opina Méndez- que plantee esto
como para desplazar a la RSE ,
bajo el alegato de que las empresas sólo deben pagar impuestos, o generar
empleo.
Por ejemplo, el planteamiento de los clusters. ¿No es un
poco escaso plantear que los clusters pueden saldar la deuda social del
planeta? “Lo que me pasa con la idea de cluster es que se busca quién puede ser
distribuidor y proveedor. Esto se llamó negocios inclusivos, en algún momento.
Las ONG’s tienen una misión social, por ejemplo, y eso no debe formar parte de
una cadena productiva. Una cosa es que, por ejemplo, las universidades deben
tener control de costos, y adecuarse a los mercados, pero no se pueden
convertir en universidades empresas. Esto es el problema de los clusters. No se
pueden incluir criterios comerciales a todo”.
Marcos regulatorios
Porter plantea la necesidad de que haya marcos regulatorios
favorables a la CVC. Dice
que debe haber controles, cómo no, pero siempre y cuando se favorezca la
actividad privada, en el marco de la
CVC.
Charo Méndez inquiere en voz alta: “¿Qué se esperaría de un
gobierno local? ¿Qué facilite la
CVC o más bien privilegiar a las empresas que tengan mejor
impacto en sus comunidades anfitrionas? Siempre tienen que existir algunos
modelos de generación de riqueza, pero sea en manos de privados o públicos,
familiar o capital difuso, hay que saber cómo se genera la riqueza. Lo ideal es
que se cumplan los derechos laborales, que se cuide el ambiente, y, además, que
haya una apuesta de equidad en la distribución de la torta de ganancias de la
empresa”, desemboca en el nudo gordiano de la RSE.
Tanto Porter como Harvard Business Review tienen resonancia
a escala mundial. Ya algunas empresas no hacen balance social, sino memorias de
valor compartido. “Puede haber muchas escuelas de negocios mejores que Harvard,
pero la CVC viene
ganando resonancia. En Colombia ya hay gente casada del todo con la tesis de
CVC. Puede tener resonancia, pero una cosa es hacer riqueza y otra es
distribuirla, no se pueden equiparar los criterios”, limpia de polvo y paja.
El concepto de CVC es genuinamente norteamericano. Pero no
es un tema –aporta Méndez- en contra de los norteamericanos, sino de cuál es el
pensamiento de las multinacionales, que pueden estar en muchos países
distintos. “Además, no es una empresa norteamericana la que está propulsando la CVC , sino una europea, y es
Nestlé. No se puede negar el peso de las multinacionales en el mundo”.
La apuesta por la RSE
“En el marco de un país como Venezuela, o los países
emergentes, creo que se ajusta más el concepto de RSE. Deberían asumirse más
prácticas e inversiones, incluso para aquellos elementos de la cadena de valor,
que son más difíciles de incluir”.
El concepto de CVC –aterriza la experta en suelo criollo- se
estrella contra la realidad política venezolana, porque es imposible plantear
hoy en Venezuela, que lo único que deben hacer las empresas es generar dinero y
riqueza, si bien el concepto de RSE no ha sido recibido bien del todo, porque
se le considera muy capitalista.
“Yo no creo eso. Creo que el concepto de RSE es noble, y, a
través de él, se pueden generar políticas públicas que susciten más equidad. Efectivamente,
dentro del discurso del Gobierno está el comercio justo, y el concepto de RSE
lo incorpora. Cuando el Estado pone una regulación en contra de la
discriminación racial, es algo que también está incluido en la
RSE. En algunos países las empresas lo
hacen de manera voluntaria, y en otros de manera obligatoria. El gran dilema es
este: genera riqueza (CVC) o distribuir la riqueza (RSE). No se puede plantear
que el generar riqueza desplace a distribuir la riqueza, porque son dos
conceptos distintos”, separa peras de manzanas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario